Sequía y fiebre amarilla: una conexión sorprendente

Ideas clave

  • Una sequía extrema —la más severa en un siglo en Minas Gerais— precedió en cuatro meses el inicio del brote de fiebre amarilla de 2017-2018 en Brasil.
  • La sequía desencadenó dos mecanismos: mayor frecuencia de picadura de Haemagogus por estrés hídrico y migración de primates no humanos hacia entornos urbanos en busca de agua.
  • Haemagogus, no Aedes aegypti, fue el vector principal: ningún ejemplar de Ae. aegypti resultó infectado durante el brote.
  • Incluso con coberturas de vacunación del 90%, la segunda oleada no habría podido prevenirse, dado que los primates no humanos actúan como huéspedes amplificadores.
  • Las sequías extremas serán cada vez más frecuentes, pero su progresión lenta ofrece una ventana de oportunidad para actuar de forma preventiva desde las primeras señales.

Un brote que rompió casi un siglo de silencio

Un estudio publicado en Science Advances revela un vínculo inesperado entre sequía y fiebre amarilla. Una sequía extrema desencadenó el brote urbano de Brasil en 2017-2018. Durante ese periodo el país sudamericano registró el primer brote de fiebre amarilla en áreas urbanas del sureste del país en casi cien años. El brote se notificó inicialmente en Minas Gerais y se extendió posteriormente a los estados vecinos de Espíritu Santo, Río de Janeiro y São Paulo. Apareció por la combinación de varias causas: la acumulación de poblaciones susceptibles por décadas de baja vacunación, el cambio del uso del suelo y la deforestación.

La paradoja: la sequía influye en la transmisión de enfermedades

Se sabe que la deforestación y la degradación del hábitat aumentan el riesgo de transmisión de enfermedades propias de zonas boscosas a zonas urbanas. Además, la asociación entre lluvia y enfermedades transmitidas por mosquitos es bien conocida. El exceso de precipitación favorece la reproducción de los vectores y, con ello, la transmisión. Sin embargo, este estudio demuestra que la sequía, paradójicamente, puede intensificar la transmisión de enfermedades al modificar el comportamiento tanto de los mosquitos como de sus huéspedes animales.

La sequía previa al brote de fiebre amarilla en 2017-2018 en Minas Gerais fue la más severa en un siglo. Según el índice estandarizado de precipitación-evapotranspiración (SPEI), las condiciones de sequía extrema se establecieron cuatro meses antes del inicio del brote.  Se cree que la falta de agua impulsó la migración de primates no humanos y mosquitos forestales hacia las ciudades en busca de agua en los meses previos al pico epidémico.

fiebre amarilla

Sequía y fiebre amarilla: la conexión que explica el brote

Los investigadores desarrollaron un modelo que simula la transmisión del virus de la fiebre amarilla entre mosquitos —tanto Haemagogus como Aedes aegypti—, primates no humanos —monos aulladores y titíes— y humanos. Al comparar distintas versiones del modelo, identificaron dos mecanismos que explican el doble pico del brote.

El primero es el aumento de la frecuencia de picadura de los mosquitos forestales del género Haemagogus bajo condiciones de estrés por deshidratación. Los mosquitos pican con mayor frecuencia para compensar la pérdida de agua, lo que incrementa las oportunidades de transmisión. El segundo mecanismo es la migración estacional de primates no humanos hacia áreas urbanas y periurbanas en busca de alimento y agua durante la sequía. El cambio de uso del suelo fue probablemente una causa relevante de la incursión de primates no humanos en la ciudad. Especies como los monos aulladores y los titíes —altamente susceptibles al virus de la fiebre amarilla y con perfiles de viremia más prolongados que los humanos— se concentraron en entornos urbanos donde también picaba Haemagogus, amplificando la transmisión en entornos próximos a las personas.

mosquito sequia

El modelo que incorporó ambos componentes estacionales reprodujo con mayor fidelidad la dinámica epidémica observada en primates no humanos y humanos. Cuando se eliminaba uno o ambos factores, el modelo no lograba reproducir la estructura de doble pico ni el momento correcto de las oleadas de transmisión.

El vector protagonista: Haemagogus, no Aedes aegypti

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que Aedes aegypti, el mosquito urbano transmisor de la fiebre amarilla entre otras enfermedades no fue el vector principal de esta epidemia. Los estudios entomológicos realizados durante el brote no detectaron ejemplares de Ae. aegypti infectados con el virus, y los modelos confirmaron que su contribución a la transmisión fue marginal, probablemente por su fuerte preferencia de alimentación antropofílica frente a primates no humanos.

El protagonismo correspondió a los mosquitos forestales Haemagogus, capaces de volar largas distancias en busca de alimento y agua, con comportamiento de alimentación flexible en distintos huéspedes y preferencia por sitios de oviposición naturales como huecos de árboles. Bajo condiciones de sequía, su desplazamiento hacia entornos urbanos y el aumento de la frecuencia de picadura crearon las condiciones necesarias para que el virus circulara entre primates y finalmente alcanzara a la población humana.

mosquito tigre

Las intervenciones: la vacunación, la más eficaz a largo plazo

El modelo también evaluó el efecto de distintas estrategias de intervención sobre la segunda ola del brote y la transmisión futura. Las tres intervenciones analizadas fueron la fumigación con insecticidas durante las temporadas de lluvias, las iniciativas de conservación destinadas a reducir el movimiento de especies forestales hacia las ciudades, y la vacunación iniciada al comienzo de la epidemia con continuación como parte de los calendarios de vacunación infantil.

Ninguna de las tres intervenciones, aplicada de forma individual, fue suficiente para frenar la transmisión a corto plazo ni para evitar la segunda oleada. La fumigación redujo casos de forma inmediata pero permitió brotes anuales crecientes por la acumulación de poblaciones de mosquitos. Las medidas de conservación mostraron un perfil similar. La vacunación, en cambio, tuvo el efecto más robusto y sostenido a lo largo del tiempo, con una efectividad creciente. La combinación de las tres estrategias logró un control sustancial y prolongado, impulsado principalmente por los esfuerzos de vacunación.

No obstante, el modelo señala que incluso con coberturas de vacunación del 90%, la segunda oleada no habría podido prevenirse. Esto apunta a que, en presencia de primates no humanos como huéspedes amplificadores, la población susceptible no puede considerarse exclusivamente humana. La vacunación humana sola resulta insuficiente cuando la transmisión está siendo amplificada activamente por fauna silvestre susceptible en entornos urbanos. Por lo tanto, un conjunto de medidas de control integradas se volverá cada vez más importante.

vacunación

Cambio climático y riesgo futuro

Según los modelos climáticos las sequías extremas serán cada vez más severas. Si las sequías se vuelven más frecuentes e intensas, los mecanismos identificados en este estudio —migración de fauna silvestre hacia áreas urbanas y mayor frecuencia de picadura de mosquitos— podrían ocurrir con mayor regularidad, aumentando el riesgo de brotes de fiebre amarilla y de otras arbovirosis. Por otro lado, la progresión lenta de la sequía ofrece una ventana de oportunidad para que los sistemas de salud actúen de forma preventiva desde las primeras señales.

cambio climatico

Una Salud como marco de respuesta

Los autores proponen que un enfoque de Una Salud que combine la conservación de la tierra y el agua, la identificación temprana de brotes y la vacunación podría ayudar a prevenirlos o controlarlos. Las contramedidas ecológicas —protección y restauración de hábitats de fauna silvestre, creación de zonas de amortiguación y protección de áreas críticas para la alimentación y el descanso de los animales— fortalecen las barreras entre la vida silvestre infectada y los vectores, reduciendo el riesgo de transmisión hacia la población humana. En definitiva, las contramedidas ecológicas pueden ser clave para reducir el riesgo de aparición futura de enfermedades.

Estos hallazgos trascienden el contexto brasileño. Países como Bolivia, Colombia, Guyana y Perú comparten condiciones similares de deforestación, desplazamiento de primates no humanos, coberturas de vacunación incompletas y presión del cambio climático, y han registrado recientemente un aumento en los informes sobre el virus de la fiebre amarilla. El desarrollo de sistemas de alerta temprana que incorporen indicadores de sequía y la implementación de contramedidas ecológicas podría fortalecer la capacidad de respuesta en este tipo de contextos.

imagenes de niña africana al lado de una fuente, un mosquito, una vaca, pastillas, una mujer tomando la tensión

Implicaciones prácticas

Los hallazgos tienen consecuencias directas para el diseño de sistemas de alerta temprana y la planificación de intervenciones. La identificación de la sequía extrema como desencadenante —y su progresión lenta como ventana de oportunidad— sugiere que incorporar indicadores de sequía en los sistemas de vigilancia epidemiológica permitiría anticipar el riesgo de brotes antes de que se produzcan. La demostración de que incluso coberturas de vacunación del 90% son insuficientes cuando los primates actúan como amplificadores obliga a incorporar contramedidas ecológicas —protección de hábitats, zonas de amortiguación— como componentes estructurales de la respuesta, no como medidas complementarias. El hallazgo de que Haemagogus, y no Ae. aegypti, fue el vector principal señala la necesidad de revisar los protocolos de vigilancia entomológica en contextos de interfaz bosque-ciudad.

Sequía_y_fiebre_amarilla

Acciones clave

  • Incorporar indicadores de sequía en los sistemas de vigilancia epidemiológica de fiebre amarilla, aprovechando que la progresión lenta de la sequía ofrece una ventana de oportunidad para activar medidas preventivas antes del inicio del brote, especialmente en países con condiciones similares a Brasil.
  • Integrar contramedidas ecológicas —protección y restauración de hábitats, zonas de amortiguación— en los planes de respuesta, dado que la vacunación humana, incluso a coberturas del 90%, resulta insuficiente cuando primates no humanos actúan como huéspedes amplificadores en entornos urbanos.
  • Ampliar la vigilancia entomológica para incluir a Haemagogus en los sitios de interfaz bosque-ciudad, dado que el estudio demuestra que este género, no Ae. aegypti, fue el vector principal del brote y su desplazamiento hacia entornos urbanos se activa bajo condiciones de sequía.

Si quiere saber más sobre la enfermedades tropicales desatendidas no te pierdas los otras publicaciones del blog.

Referencias

  1. Jamie M. Caldwell et al. Drought dynamics explain once in a century yellow fever virus outbreak in Brazil with implications for climate change.Sci. Adv.12,eadz6832(2026).DOI:10.1126/sciadv.adz6832