Leishmania martiniquensis : el parásito que reescribe las reglas de la leishmaniasis

Ideas clave

  • L. martiniquensis incumple los tres pilares clásicos de la leishmaniasis: transmisión exclusiva por flebótomos, distribución geográfica restringida y reservorios animales bien identificados.
  • Los mosquitos picadores de la familia Ceratopogonidae han emergido como vectores alternativos plausibles, con evidencia sólida de transmisión sin intervención de flebótomos.
  • Las ratas negras (Rattus rattus), distribuidas globalmente, son los reservorios naturales más probables, lo que sugiere una dispersión de tipo antropogénico.
  • El hámster chino puede albergar el parásito durante tiempo prolongado sin síntomas y resultar infeccioso para los vectores, reproduciendo el perfil de reservorio natural hipotético.
  • La enfermedad sintomática y las altas cargas parasitarias no son indispensables para que se produzca transmisión, lo que complica la vigilancia epidemiológica.

Un parásito que no encaja en el manual

Durante décadas, los investigadores describieron la leishmaniasis a partir de tres pilares: transmisión exclusiva por flebótomos (pequeños insectos parecidos a mosquitos), parásitos con distribución geográfica restringida y reservorios animales bien identificados, generalmente roedores o perros en ciclos zoonóticos. Leishmania martiniquensis incumple los tres.

Desde su primer reconocimiento en el Caribe, esta especie ha aparecido en el sudeste asiático, Europa central y América, tanto en humanos como en animales domésticos, a menudo sin que se identifique un reservorio claro ni un vector de flebótomo confirmado. L. martiniquensis pertenece al subgénero Mundinia, formalmente establecido en 2016 para albergar un grupo de parásitos previamente clasificados en el complejo Leishmania enriettii. Un artículo publicado en PLoS Pathogens en 2026 revisa el conocimiento actual sobre este grupo y sus implicaciones para la epidemiología global de las leishmaniasis.

mapa del caribe y leishmaniasis

Un linaje antiguo que pasó desapercibido

Paradójicamente, a pesar de su origen evolutivo antiguo, la mayoría de las especies del subgénero Mundinia solo han atraído la atención científica en las dos últimas décadas. Varias especies se descubrieron de forma retrospectiva, ocultas entre muestras mal identificadas. Otras emergieron al investigar casos clínicos veterinarios.

Este patrón apunta a que no son patógenos nuevos, sino organismos establecidos desde hace mucho tiempo que han pasado inadvertidos. Su invisibilidad histórica se explica por una combinación de baja patogenicidad, persistencia asintomática en sus huéspedes naturales y ciclos de transmisión que quedan fuera de los sistemas de vigilancia diseñados para las leishmaniasis clásicas.

Un parásito sin fronteras conocidas

La distribución intercontinental de L. martiniquensis resulta difícil de conciliar con la biología canónica de la leishmaniasis. A diferencia de Leishmania infantum —cuya expansión global se explica por reservorios zoonóticos bien conocidos como el perro—, las infecciones por L. martiniquensis son esporádicas y se asocian principalmente con humanos y animales domésticos, que difícilmente sostienen ciclos de transmisión a largo plazo.

L. martiniquensis se ha detectado repetidamente en roedores como ratas negras (Rattus rattus). Esto hace pensar que los roedores son los reservorios naturales más probables. Las ratas negras están distribuidas por todo el mundo. Esto sugiere una dispersión de tipo antropogénico, es decir, provocada por las actividades humanas. L. martiniquensis es un parásito capaz de transmitirse localmente en cualquier lugar con las condiciones ecológicas adecuadas.

rata

El problema del reservorio: ¿fuente o sumidero?

En las leishmaniasis clásicas, los reservorios son huéspedes animales que mantienen la transmisión del parásito con independencia de la infección humana. Para los parásitos del subgénero Mundinia, estos reservorios siguen siendo en gran medida desconocidos.

Estudios de campo han detectado ADN del subgénero Mundinia en diversos vertebrados, especialmente roedores. Pero detectar el parásito no equivale a confirmar que ese huésped sea un reservorio. Los investigadores distinguen entre «fuentes» —huéspedes que mantienen y propagan la infección— y «sumideros», que son huéspedes que se infectan pero no contribuyen a la transmisión posterior. Establecer esta diferencia requiere experimentos de laboratorio que evalúen si los roedores albergan el parásito a largo plazo y si son capaces de infectar a los vectores.

La escasez de enfermedad manifiesta y las bajas cargas parasitarias dificultan esta tarea. De hecho, el conocimiento actual indica que la enfermedad sintomática y las altas cargas parasitarias no son indispensables para que se produzca transmisión.

Modelos experimentales: la enfermedad como excepción, no como norma

Los modelos animales clásicos empleados para estudiar las leishmaniasis cutánea y visceral —como los ratones BALB/c o los conejillos de indias— no son adecuados para los parásitos del subgénero Mundinia, ya que suelen mostrar resistencia o infecciones pasajeras.

En cambio, los hámsteres chinos y los lemmings esteparios inoculados con estas especies mantienen infecciones a largo plazo. El hámster chino resulta especialmente revelador: puede albergar el parásito durante tiempo prolongado sin mostrar signos clínicos, y aun así resultar infeccioso para los insectos vectores. Este perfil reproduce fielmente el estado de reservorio natural que se hipotetiza para el subgénero Mundinia en la naturaleza.

Por su parte, los lemmings esteparios desarrollan infecciones diseminadas con patología grave cuando se infectan con las especies más patógenas para el ser humano, lo que ilustra cómo el resultado de la infección depende en gran medida de la compatibilidad entre el parásito y el huésped concreto. En conjunto, estos datos apuntan a que la enfermedad es consecuencia de una incompatibilidad con el huésped, no una característica central del ciclo de vida del parásito.

hamster chino y técnica de laboratorio

Hámster chino y técnica de laboratorioo

Cuando los flebótomos no son los únicos vectores

Quizás el hallazgo más disruptivo del artículo es que los flebótomos —durante décadas considerados los únicos transmisores de Leishmania patógena para el ser humano— podrían no ser los vectores principales del subgénero Mundinia. Aunque se ha detectado ADN de estas especies en algunos flebótomos, las infecciones son raras y no ofrecen evidencia sólida de capacidad vectorial funcional.

En cambio, los mosquitos picadores de la familia Ceratopogonidae han emergido como vectores alternativos plausibles. En Australia, estudios iniciales observaron que especies del género Forcipomyia desarrollaban formas infectivas del parásito en sus intestinos. Experimentos posteriores demostraron que varias especies del subgénero Mundinia completan su desarrollo dentro de estos insectos, colonizan estructuras clave de su aparato digestivo y se transmiten a huéspedes vertebrados, mientras que las infecciones paralelas en flebótomos resultaron limitadas o fallidas.

Datos de campo del sudeste asiático refuerzan esta hipótesis. Se han documentado infecciones naturales por parásitos del subgénero Mundinia en varias especies de Culicoides recolectadas en zonas próximas a casos humanos. Estos hallazgos cumplen con la mayoría de los criterios clásicos de competencia vectorial y constituyen evidencia sólida de transmisión sin intervención de flebótomos dentro del género Leishmania.

Culicoides

Por qué este grupo de parásitos importa

Leishmania martiniquensis y sus parientes del subgénero Mundinia no son una curiosidad taxonómica. Su distribución aparentemente global sin reservorios definidos, su capacidad para transmitirse a través de vectores distintos de los flebótomos y su tendencia a persistir de forma asintomática en los huéspedes cuestionan los marcos con los que se ha comprendido, vigilado y controlado la leishmaniasis durante décadas.

Estudiarlos requiere combinar trabajo de campo, experimentos de laboratorio y vigilancia epidemiológica. Solo así será posible reconstruir sus ciclos de transmisión, identificar las fuentes de infección y anticipar riesgos emergentes. En un mundo donde el cambio climático, la movilidad humana y la alteración de los ecosistemas reconfiguran continuamente las condiciones de transmisión de enfermedades infecciosas, comprender las excepciones a las reglas conocidas tiene implicaciones directas para enfoque Una Salud y la salud global.

Leishmaniasis

Implicaciones prácticas

Los hallazgos cuestionan los marcos de vigilancia y control de la leishmaniasis, diseñados sobre la premisa de transmisión exclusiva por flebótomos y reservorios zoonóticos definidos. Si los mosquitos picadores de la familia Ceratopogonidae actúan como vectores funcionales, los programas de control vectorial que no los contemplan tienen un punto ciego operativo. La persistencia asintomática con capacidad infectiva para los vectores implica que la ausencia de enfermedad manifiesta no puede usarse como indicador de ausencia de transmisión, lo que afecta al diseño de sistemas de vigilancia epidemiológica. La distribución global de Rattus rattus como reservorio hipotético y la dispersión antropogénica del parásito señalan que el riesgo no está circunscrito a las zonas endémicas clásicas, con implicaciones directas para los protocolos de alerta en regiones no endémicas.

Epidemiología_de_Leishmania_martiniquensis

Acciones clave

  • Incorporar a los mosquitos picadores de la familia Ceratopogonidae en los programas de vigilancia vectorial en zonas con casos de L. martiniquensis, dado que la evidencia disponible cumple con la mayoría de los criterios clásicos de competencia vectorial y las infecciones en flebótomos resultaron limitadas o fallidas.
  • Desarrollar experimentos de laboratorio para distinguir huéspedes fuente de sumidero en roedores —especialmente Rattus rattus—, ya que confirmar su papel de reservorio es condición necesaria para identificar las fuentes de infección y diseñar intervenciones eficaces.
  • Revisar los protocolos de identificación de muestras en laboratorios de referencia, dado que varias especies del subgénero Mundinia han permanecido ocultas durante décadas entre muestras mal clasificadas, lo que ha retrasado la detección de casos y la comprensión de sus ciclos de transmisión.

Si quiere saber más sobre la enfermedades tropicales desatendidas no te pierdas los otros post publicados en el blog.

Referencias

  1. Volf P, Sadlova J (2026) Mysterious Leishmania martiniquensis parasites and their relatives of the subgenus Mundinia: Emerging pathogens reshaping our understanding of leishmaniases. PLoS Pathog 22(3): e1014057. https://doi.org/10.1371/journal.ppat.1014057